Proceso de teñido

El teñido que se realiza en la actualidad de forma artesanal a partir de tintes proporcionados por las plantas tintóreas es el teñido indirecto. El tejido se trata previamente con una solución fijadora denominada mordiente y posteriormente se sumerge en el baño con el tinte que contiene los pigmentos vegetales.

Mordientes: sirven para fijar y mejorar el color, estabilizarlo frente a la luz y agilizar el proceso de tinción. Son necesarios en aquellas plantas que carecen de taninos y carotenos. Se han empleado, históricamente, taninos, ya que permiten el uso de tintes básicos para tejidos celulósicos como el algodón. Actualmente se emplean como mordientes sales metálicas en disolución y, generalmente, se realiza un baño posterior con amoníaco antes de introducir el tejido en el tinte. El amoníaco actúa sobre la sal produciendo hidróxidos metálicos insolubles que permanecen en las fibras y reaccionan con la disolución del tinte produciendo compuestos coloreados estables e insolubles.

En algunos casos, con la lana, se emplea un teñido directo, sumergiendo la fibra en el tinte y luego pasándola a un baño con dicromato potásico, éste se combina con el tinte y forma una capa estable sobre las fibras, reforzando la permanencia del color. También se emplea con la seda.

Mordientes y productos más utilizados en el teñido:
  • Alumbre de potasio, es un sulfato alumínico-potásico que cristaliza en octaedros incoloros y solubles en agua, no es tóxico, ofrece buenos resultados en la mordedura antes de teñir, no altera los colores, es el que reproduce más fielmente los colores naturales.
  • Bicromato potásico: es una sal oxidante, curtiente, tóxica, hay que manipularla con precaución ya que sus vapores son venenosos.
  • Sulfato de cobre o vitriolo azul: aparece en cristales azules del sistema triclínico, fácilmente soluble en agua, tóxico, sobre todo mejora y fija los colores verdes.
  • Sulfato ferroso, llamado vitriolo o caparrosa.
  • Crémor tártaro: polvo blanco que cristaliza al almacenar el vino en barriles.
  • Vinagre: ácido acético, fija los colores y los deja más brillantes, es indispensable en los tonos rosa y rojos.
  • Ácidos tánicos: son sustancias vegetales solubles en agua que se utilizan también en medicina y curtición, hacen la función de los restantes mordientes cuando se utilizan tintes procedentes de madera, corteza u hojas.
  • Amoníaco: gas de olor penetrante que se forma en la putrefacción de sustancias orgánicas, la solución acuosa es el amoníaco líquido, lejía activa y detergente, sirve básicamente para extraer el pigmento de las plantas, se añade al agua en que hemos dejado en remojo las hojas, raíces o líquenes.
  • Cloruro de hierro: masa cristalina de color rojo oscuro o amarillento.
  • Cloruro de estaño: óptimo mordiente para la lana, se utiliza antes o durante la tinción, pero con discreción, ya que endurece las fibras.
  • Ácido oxálico: cristaliza en columnas monoclínicas, tóxico, se emplea para reforzar los efectos mordientes.
  • Sulfato sódico o sal de Glauber: se utiliza para unificar los colores, es suficiente con añadir una cantidad reducida cada vez que se tiñe, el color resulta más sólido. No es tóxico, se utiliza en la fabricación de celulosa y como purgante.
  • Ácido nítrico: es tóxico y corrosivo, es un ácido fuerte, hay que usarlo con mucho cuidado utilizando guantes de goma.
  • Ácido sulfúrico: es un ácido muy fuerte y corrosivo, hay que utilizarlo con mucha precaución, sobre todo si hay que verterlo sobre agua debe de hacerse muy lentamente, nunca añadir el agua al ácido, ya que se originaría una reacción muy violenta que podría salpicar y producir quemaduras graves.
  • Hidróxido sódico o sosa cáustica: se comercializa en forma de escamas blancas, cristalinas, inodoras, es soluble en agua con desprendimiento de calor. Es tóxico y hay que utilizarlo con precaución
  • Hidrosulfito o hiposulfito de sodio: se utiliza como quitamanchas, sirve para blanquear las fibras y tejidos.